Aquello que se oculta, desoculta siempre un algo más. La cabellera que se peina hace el día. El sol se esconde y hace la noche. Los contornos de la realidad se muestran a escondidas.
Cada vez que inicio un nuevo blog, vuelvo a escribir una entrada que se llama “Uno”. Lo hice cuando comencé como editor en Flock, lo hice cuando lancé El Despertador. Lo vuelvo a hacer ahora, tras el borrado unilateral de mi sitio por parte de una horripilante empresa de hosting —GoDaddy—, en un ejemplo más del maltrato digital con rostro de automatización.
Afortunadamente he rescatado todos mis textos. Algunos —los que en mi mente siguen vigentes— los iré subiendo aquí, poco a poco, en este espacio compartido. Un sitio sin pretensión, más bien íntimo. Un lugar para encontrarme con las pocas personas que aún leen blogs.
Sí, hacer hoy un blog es cosa prácticamente de abuelitos. Pero, ¿en dónde más puedo compartir lo más personal, sin algoritmos y sin ruido? Ya habrán reels en otras redes para viralizar cualquier cosa. Pero aquí, bajo las reglas de la palabra, podemos intentar romper, una vez más, esas fibras del aire que nos separan.